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domingo, 5 de marzo de 2017

La noche eterna

¿Sabéis cuando entráis en pánico porque todo está descolocado en vuestro mundo en ese momento?. Probablemente no, es difícil saberlo si no lo vives.

Hoy he tenido otra de esas noches eternas en las que preferiría mil veces estar sola en mi casa. 

Demasiada gente, demasiadas voces distintas, demasiados besos, demasiado todo.

Tengo que dar gracias por la gente, eso está claro. Si hubiera sido con otras personas no habría aguantado ni media hora. En cuanto veo que empiezo a contar los platos con restos, los vasos de distintos tipos, el número de servilletas (hoy no cuadraban con las personas)… contar, si empiezo a contar, algo no va bien.

No era capaz de centrarme en ninguna conversación así que apenas podía mantener ninguna. Un par he mantenido y porque me han hecho el favor de hablar ellos/as.

Mierda de cabeza.

Hasta los cubiertos me han dado asco de repente, así que ya no podía pinchar más comida tampoco.

Luego mi cabeza ha ido al equilibrio en la mesa, claro, ha empezado a llegar gente y solo se sentaban en un lado, cada vez más gente, todos al mismo lado… así que la mesa parecía balancearse (parecía en mi cabeza porque estoy segura de que no se ha movido ni un milímetro.

“No se va a caer, te lo estás inventando”. Me he dicho a mi misma varias veces… Y luego los expertos dicen que no estoy loca.

Suele funcionar centrarse en la decoración. Tres tipos de materiales distintos en las paredes, una columna forrada de algún tipo de azulejo imitando piedra (piedras perfectamente rectangulares), un cuadro de frutas, demasiadas lámparas redondeadas, muy noventeras que iluminaban una mierda… ¡O no!... una tele plana entre dos cuadros horribles, a la misma distancia uno de otro pero creando un horrible desequilibrio en la pared... a la mierda la decoración. Ahora hay que eliminar paredes.

De repente unas bengalas en una mesa, todos cantando cumpleaños feliz y mister potato mirando la tarta desde la otra punta… Les habría apagado las bengalas en un ojo, pero no se debe hacer eso.

Volvemos a contar para relajarnos pero hay demasiado de todo y todo demasiado desperdigado. Restos de comida, muchos, demasiados.

¿Lo bueno? La gente. Curioso pero aunque apenas los conozco me produce tranquilidad mirar sus caras. Son buena gente. Asi que los miro, pero claro, intento que no sea demasiado porque eso hace sentirse incómoda a la gente por mucha paz que a mi me produzca.

¿Lo malo? Yo y mi cabeza… bueno y la decoración.

Mi chico me ayuda, eso también, pero me siento un poco entre la espada y la pared. A veces no se si ir a estos sitios o no hacerlo. Estar para no estar, como hoy, no sirve de nada. Haces que la gente se sienta incómoda por algo que no es culpa suya. Los tuyos tienen que estar pendientes de ti y de que no empieces a tirarte de los pelos (en mi caso hacerme heridas. Tengo una en la pierna y otra en la mano. Y llevaba pantalones vaqueros. No se cómo puedo rascarme tan fuerte).

Pero no estoy loca o eso dicen. No lo estoy… ¿comparada con quién?, me pregunto a veces. Una vez un psicólogo me dijo que tenía agorafobia y otro me dijo que tenía síndrome de estrés post-traumático… yo prefiero pensar que tengo pajaritos en la cabeza. Además, ni ellos se aclaran, se parecen a mis reumatólogos.

El caso es que estaba mejor. Mucho mejor. Pero desde el juicio todo ha vuelto a empezar. Como si hubiera dado un paso atrás gigante.

Sabía que no iba a entrar en el garito de después, pero… ¡joder!, es que ni he podido estar en la cena aunque estuviera de cuerpo presente.

Me siento fatal. Me he hinchado a llorar por el camino y luego en casa. No es justo. Cuando creo que me voy arreglando me rompo de nuevo y a volver a empezar. Y la gente… la gente no tiene por qué aguantarme. A veces creo que es mejor para todos que me meta en mi mundo. Creo que hago esto de intentarlo de vez en cuando por egoísmo. Lo hago por mi, por sentir que puedo vencerlo, pero no me parece muy justo para la gente que me rodea, estarían mejor si yo no fuera.

Hasta ha habido un momento en el que me he dicho “No me da la gana, me quedo a la cena y luego me tomo algo en el garito”. Pero me ha dado miedo. Mi cabeza ha empezado a recordarme que me va a dar ansiedad, me voy a marear o voy a vomitar… en fin habría sido un espectáculo para los presentes y me ha dado vergüenza. Así que me he dicho “nada, vete a casa y déjales que disfruten”.

Quiero volver a ver a mi chico pinchar. Quiero ir de nuevo a un concierto. Quiero… que coño voy a querer, tendré que aprender a ir a por el pan andando sin miedo, de nuevo.


De todas formas tengo que aprender a hacer mil cosas. Al menos se que ahora puedo entrar por la puerta de casa contenta y que dentro hay tres personitas que me hacen feliz. Algo es algo. Empecemos por ahí.