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jueves, 20 de julio de 2017

Pensando en los Elfos

Cuanto tiempo hace, parece una eternidad. No se lo que aportaste a mi vida. Suelo decir que aprendo lecciones con la gente. Quizás contigo lo único que aprendí es lo desquiciante que es lidiar con un mentiroso compulsivo y como te destruye como persona.

Quizás hayas cambiado. Ojalá, por el bien de la persona que comparte tu vida. Quizás tú hayas aprendido algo. Ojalá, porque si no mi sufrimiento y mi dolor no habrían servido de nada.

No es un reproche. Hace siglos que te perdoné. Es un hecho. Me hiciste daño y lo único que quizás saqué de todo esto, lo único hermoso, fue una canción de Miguel Inzunza sobre la que he escrito en otro post.

Seguí con mi vida como si jamás te hubiera conocido, cumplí mis sueños, creo que solo me paraste en mi subida al cielo, como si hubieras sido un mano ejecutora de aquella señora que siempre me persigue para arruinarlo todo. La vida, que no, no se cansa de joder.

Pero puedo con ella y con todas sus manos.

Me he acordado de ti por esa canción, mi cabeza ha hecho relaciones, necesito una disculpa, bella… y de repente me he acordado de ti y me he preguntado ¿Y el Elfo?. ¿Necesito una disculpa suya?.

Y me he contestado: No

¿Qué curioso verdad? No la necesito. Me mentiste, me engañaste, me trataste fatal. Hasta tú lo reconocías en público. Pero no necesito una disculpa.

Quizás sólo la gente a la que de verdad he amado han podido hacerme un daño que me marcara de por vida. Quizás sólo la gente que no eran hormiguitas y tú lo eras. Una hormiga a veces muy divertida, pero una hormiga a fin de cuentas.

Me pregunto si habrás aprendido que las personas no son videojuegos que tú enciendes y apagas cuando te place. Que las personas, son personas.

Me pregunto si habrás aprendido que mentir no es lo tuyo porque tarde o temprano siempre te pillan.

Me pregunto si habrás sabido sacar lo bueno que hay en ti y habrás sabido entregarlo y arriesgarte, y jugar al juego de la vida, aunque puedas perder, por el simple y mero hecho de que puedes ganar.


Me conformo con que aprendieras a valorar a la gente que te daba cariño, con que dejaras de pretender ser el príncipe azul que ni de lejos eras, con que empezaras a ser quien eres de verdad y no quien te inventabas en cada momento que eras, con que aprendieras, tan sólo, a bailar bajo la lluvia.

Bella

La perfección no existe. Tengo ya unos años como para hacer cualquier otra afirmación.

Llevo días pensando sobre mil cosas, decidiendo qué estoy dispuesta a aguantar y qué no. Como siempre, autoanalizándome y conociéndome.

Hay cosas que podemos cambiar y cosas que son tan nuestras, que si las cambiáramos, dejaríamos de ser nosotros.

Lo bonito quizás es dar con esa persona que ve tu imperfección casi perfecta. Había una canción que me gustó en su día… “Bella”, de Miguel Inzunza. Os pongo la letra a continuación.

Conozco tu manera de mirar cuando las cosas andan mal,
y ahora que lo pienso…
Se perfectamente lo que callas cuando ya no puedes mas.
Distingo lo que piensas cuando dices que no hay nada que pensar
y en medio de la gente…
sospecho lo que esperas que te diga y nunca es fácil acertar

Sigo pensando que el destino cabe en tus zapatos
Que todo este tiempo no ha podido desgastarnos
Que nací para documentar tu existencia y aunque a veces mi paciencia no coopera
Basta verte para convencerme de que sigues siendo increíblemente bella
Impacientemente bella
Aceleradamente bella
Imperfectamente bella bella

Distingo que en la palma de tu mano cabe todo mi dolor,
por eso ya no temo…
y amo que en momentos de locura me arrebates el timón

Confieso que mi adicta libertad es siempre una contradicción,
por eso no comprendo…
si odio que me sueltes de la mano al caminar por la ciudad

Óyeme bien porque lo sé
somos un dueto en la pared

Que tiembla de repente cuando estoy ausente
y te diré

Que sigo pensando que el destino cabe en tus zapatos
Que todo este tiempo no ha podido desgastarnos
Que nací para documentar tu existencia y aunque a veces mi paciencia no coopera
Basta verte para convencerme de que sigues siendo increíblemente bella
Impacientemente bella
Aceleradamente bella
Imperfectamente bella
Bella

bonito ¿verdad?. En fin, que estoy hecha un lío. Esta canción me hace pensar que el amor es eso, imperfectamente bello. Que después de mil años puedes seguir mirando a tu persona y decir: elegí bien.


Pero para hacer eso tienes que saber qué estás dispuesto a aguantar. Hasta dónde eres capaz de arreglar tus grietas y qué grietas no vas a sellar nunca porque acabarías destruyendo lo que eres.

Necesito una disculpa

Necesito una disculpa de todos aquellos que me hicieron daño. Necesito que paguen, cada uno en su medida, por las cosas que han hecho y hacen. Que vean que existen consecuencias de sus actos, que no pueden salir impunes de todo utilizando justificaciones absurdas.

Necesito una disculpa pero tú no me entiendes, ni lo harás nunca. No en cuanto a la gente que tiene que ver contigo. Igual que necesito que mi madre se disculpe, igual que necesito que mi exmarido se disculpe, necesito que lo hagan los demás que me han hecho daño.

Ella me hizo vivir una mierda cuando todo debía ser bello, tú la dejaste que lo hiciera, la dejaste entrar y machacar todo y me emplazaste a mi a vivir las consecuencias de sus actos a través de tu agobio y tu pena. Tú me metiste en esa historia que viví de cerca porque te afectaba a ti.

Yo cometí un error, por el que he tenido que pagar, y por lo visto seguiré pagando durante años. Me disculpé, de mí si obtuvieron al menos eso, no una disculpa, si no tres distintas, de todas la maneras posibles. Y no sirvió de nada. Pero conmigo si serviría. Lo sería todo de hecho.

No, así no es la vida. Yo ya me disculpé por aquello, aguanté todos los sapos y culebras que salieron por su boca sin rechistar. Ya me comí toda esa mierda y me la he seguido comiendo. Se acabó. Ya no más.

Ahora me toca a mi.


Necesito una disculpa.

domingo, 5 de marzo de 2017

Te presto mis ojos

Voy a hacerte un préstamo. Uno de esos que se hacen porque si. Te presto mis ojos para que te mires a través de ellos.

Verás algo completamente distinto a lo que sueles ver. Algo increíblemente bello.

Verás una mandíbula firme, robusta. Una boca dibujada con un pincel. Unos ojos expresivos, limpios, sobre todo limpios. Todo ello terminado con una perfecta nariz. Una nariz de esas que se pueden mirar desde cualquier perspectiva, porque irradia personalidad.

Tu frente es ideal pero tu perfil… tu perfil es sencillamente perfecto. A veces me pierdo en él mirándote mientras conduces.

Sigue mirando.

Recorre ese cuerpo firme, esos brazos largos y fuertes, esas manos tan bien esculpidas, esa espalda ancha y únicamente triangular, esas piernas definidas, rectas, increíblemente bellas…

No te quedes ahí.

Mis ojos ven más allá, mucho más allá.

Mis ojos ven lo que significa cada rasgo de tu ser.

Tus ojos son cariño, son amistad, son paz.

Tus piernas y brazos son calor, abrazos, seguridad.

Tu boca… tu boca es un beso. Siempre es un beso.

¿Creías que no vería más? ¿Sorprendido? Veo tu alma

Mira atentamente ¿Ves los colores y las sombras? Son sentimientos. También los ven mis ojos.

Amor, cariño, dulzura… frustración, miedo, inseguridad…

Tienes muchos, muy diversos, todos ellos te construyen a ti.

A veces, si miras a través de tus ojos, gracias a su limpieza, puedes averiguar qué sentimiento prima en cada momento.

Eres único como eres. Perfecto para mi porque yo soy la dueña de ojos con los que miras ahora.


Devuélvemelos, sólo te los presté. Quiero seguir mirándote con ellos.

A Manu

La noche eterna

¿Sabéis cuando entráis en pánico porque todo está descolocado en vuestro mundo en ese momento?. Probablemente no, es difícil saberlo si no lo vives.

Hoy he tenido otra de esas noches eternas en las que preferiría mil veces estar sola en mi casa. 

Demasiada gente, demasiadas voces distintas, demasiados besos, demasiado todo.

Tengo que dar gracias por la gente, eso está claro. Si hubiera sido con otras personas no habría aguantado ni media hora. En cuanto veo que empiezo a contar los platos con restos, los vasos de distintos tipos, el número de servilletas (hoy no cuadraban con las personas)… contar, si empiezo a contar, algo no va bien.

No era capaz de centrarme en ninguna conversación así que apenas podía mantener ninguna. Un par he mantenido y porque me han hecho el favor de hablar ellos/as.

Mierda de cabeza.

Hasta los cubiertos me han dado asco de repente, así que ya no podía pinchar más comida tampoco.

Luego mi cabeza ha ido al equilibrio en la mesa, claro, ha empezado a llegar gente y solo se sentaban en un lado, cada vez más gente, todos al mismo lado… así que la mesa parecía balancearse (parecía en mi cabeza porque estoy segura de que no se ha movido ni un milímetro.

“No se va a caer, te lo estás inventando”. Me he dicho a mi misma varias veces… Y luego los expertos dicen que no estoy loca.

Suele funcionar centrarse en la decoración. Tres tipos de materiales distintos en las paredes, una columna forrada de algún tipo de azulejo imitando piedra (piedras perfectamente rectangulares), un cuadro de frutas, demasiadas lámparas redondeadas, muy noventeras que iluminaban una mierda… ¡O no!... una tele plana entre dos cuadros horribles, a la misma distancia uno de otro pero creando un horrible desequilibrio en la pared... a la mierda la decoración. Ahora hay que eliminar paredes.

De repente unas bengalas en una mesa, todos cantando cumpleaños feliz y mister potato mirando la tarta desde la otra punta… Les habría apagado las bengalas en un ojo, pero no se debe hacer eso.

Volvemos a contar para relajarnos pero hay demasiado de todo y todo demasiado desperdigado. Restos de comida, muchos, demasiados.

¿Lo bueno? La gente. Curioso pero aunque apenas los conozco me produce tranquilidad mirar sus caras. Son buena gente. Asi que los miro, pero claro, intento que no sea demasiado porque eso hace sentirse incómoda a la gente por mucha paz que a mi me produzca.

¿Lo malo? Yo y mi cabeza… bueno y la decoración.

Mi chico me ayuda, eso también, pero me siento un poco entre la espada y la pared. A veces no se si ir a estos sitios o no hacerlo. Estar para no estar, como hoy, no sirve de nada. Haces que la gente se sienta incómoda por algo que no es culpa suya. Los tuyos tienen que estar pendientes de ti y de que no empieces a tirarte de los pelos (en mi caso hacerme heridas. Tengo una en la pierna y otra en la mano. Y llevaba pantalones vaqueros. No se cómo puedo rascarme tan fuerte).

Pero no estoy loca o eso dicen. No lo estoy… ¿comparada con quién?, me pregunto a veces. Una vez un psicólogo me dijo que tenía agorafobia y otro me dijo que tenía síndrome de estrés post-traumático… yo prefiero pensar que tengo pajaritos en la cabeza. Además, ni ellos se aclaran, se parecen a mis reumatólogos.

El caso es que estaba mejor. Mucho mejor. Pero desde el juicio todo ha vuelto a empezar. Como si hubiera dado un paso atrás gigante.

Sabía que no iba a entrar en el garito de después, pero… ¡joder!, es que ni he podido estar en la cena aunque estuviera de cuerpo presente.

Me siento fatal. Me he hinchado a llorar por el camino y luego en casa. No es justo. Cuando creo que me voy arreglando me rompo de nuevo y a volver a empezar. Y la gente… la gente no tiene por qué aguantarme. A veces creo que es mejor para todos que me meta en mi mundo. Creo que hago esto de intentarlo de vez en cuando por egoísmo. Lo hago por mi, por sentir que puedo vencerlo, pero no me parece muy justo para la gente que me rodea, estarían mejor si yo no fuera.

Hasta ha habido un momento en el que me he dicho “No me da la gana, me quedo a la cena y luego me tomo algo en el garito”. Pero me ha dado miedo. Mi cabeza ha empezado a recordarme que me va a dar ansiedad, me voy a marear o voy a vomitar… en fin habría sido un espectáculo para los presentes y me ha dado vergüenza. Así que me he dicho “nada, vete a casa y déjales que disfruten”.

Quiero volver a ver a mi chico pinchar. Quiero ir de nuevo a un concierto. Quiero… que coño voy a querer, tendré que aprender a ir a por el pan andando sin miedo, de nuevo.


De todas formas tengo que aprender a hacer mil cosas. Al menos se que ahora puedo entrar por la puerta de casa contenta y que dentro hay tres personitas que me hacen feliz. Algo es algo. Empecemos por ahí.